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Koldo Unceta: “Hay que darle la vuelta a la idea de que el desarrollo humano es un subproducto del desarrollo nacional”

junio 10, 2009

koldo_entreKoldo Unceta es doctor en Economía y catedrático de la Universidad del País Vasco desde 1987, donde dirige el programa de doctorado “Globalización, Desarrollo y Cooperación Internacional”. Su especialización en este campo le ha llevado participar en programas de investigación para diversos ministerios. Además, es miembro de la junta directiva de la Sociedad de Economía Mundial y del consejo editorial de la Revista de Economía Mundial.

Pregunta: A términos recurrentes en el ámbito de la economía y la cooperación como pueden ser el desarrollo o el subdesarrollo se ha unido recientemente la idea de maldesarrollo, ¿qué es lo que hemos mal?

Respuesta: El maldesarrollo es un concepto que utilizan algunos teóricos del desarrollo para describir el estado de cosas al que se ha llegado a través de un proceso histórico largo que, con el supuesto objetivo de incrementar el bienestar humano, ha dado como resultado un sistema generador de desigualdades, asimetrías, malestar, desequilibrios entre las personas, con la naturaleza… Todo ello refleja el resultado negativo de un proceso que se suponía debía habernos llevado a un mayor bienestar. Llamar a eso maldesarrollo es un intento de llamar la atención sobre los aspectos negativos de ese proceso que debían conducirnos precisamente a lo contrario.

P: ¿Cuáles han sido los errores?

R: Yo creo que hay errores en muy diversos ámbitos. Uno de ellos tiene que ver con haber convertido los medios en fines, haber pensado que el Estado, el Mercado, el crecimiento económico o cualquier otro tipo de instrumento o construcción humana o social pensada para aumentar el bienestar en sí mismo constituía el objetivo. Eso ha hecho que se haya perdido la perspectiva. Luego también hay una cuestión importante que es considerar que las personas son fines en sí mismos del desarrollo no solamente como parte de un colectivo sino en cuanto a personas individuales.

P: Quiere decir que el desarrollo no atañe sólo a los gobiernos…

R: Efectivamente, de alguna manera se ha pensado que el desarrollo era cuestión de los Estados, y eso muchas veces ha encubierto que dentro de los estados había grandes desigualdades. Nunca hemos hablado de personas desarrolladas o subdesarrolladas, hemos hablado de países desarrollados o subdesarrollados. Se daba por supuesto que en la media en que un país se desarrollaba las personas que vivían dentro del mismo accedían directamente a un mayor bienestar. Así, el desarrollo humano ha sido considerado un subproducto del desarrollo nacional, y este un tema al que habría que darle la vuelta.

P: En un contexto en el que la crisis económica y financiera se ha convertido en un tema omnipresente en prácticamente todos los discursos sociales, ¿constituyen un mal parche las medidas que se están proponiendo orientadas fundamentalmente a aumentar la productividad económica como salida de la crisis?

R: Hay una cuestión muy instalada en los ámbitos político y económico y es la idea de que para prosperar hace falta producir más, y esto por dos cosas: por un lado porque produciendo más habrá más productos y éstos serán más baratos y por otro, porque se generará más empleo y la gente tendrá más medios para adquirir más bienes. Esta idea, que se ha convertido en una especie de tótem, es un gran error. Hay gran cantidad de formas de satisfacer las necesidades humanas que no pasan por producir más, pasan por producir mejor, y que no tienen por qué pasar por generar más empleo tampoco sino por organizar mejor la vida de las personas. Si el crecimiento económico es la expresión de que en algunos lugares no se produce  lo suficiente para que la gente pueda vivir dignamente pues evidentemente será un medio necesario. Por decirlo de manera sencilla, si en un lugar no se producen alimentos suficientes pues es evidente que habrá una necesidad de una mayor producción de alimentos, ¿eso es crecimiento económico? Sí, pero ése no es el objetivo en sí mismo, el objetivo es que la gente se alimente mejor. En lo referente a la salida a la crisis, en la medida en que se entiende la crisis únicamente como una caída del crecimiento económico, el objetivo será ese. Pero si entendemos esta crisis como algo mucho más profundo, mucho más sistémico, que efectivamente tiene una dimensión relativa al crecimiento económico pero que seguramente no sea la más importante. Lo relevante es que estamos ante una crisis de civilización, una crisis de fondo del sistema. Evidentemente si solo se pone como alternativa la búsqueda de una recuperación económica podría parecer que se ha salido del asunto para volver a entrar seguramente dentro de 10 o 15 años en una crisis todavía más profunda.

P: ¿Qué papel puede desempeñar el pensamiento intelectual para hacer entender que nos encontramos ante una crisis sistémica?

R: Hay que tener en cuenta que durante los últimos 20 años el pensamiento neoliberal hegemonizó el pensamiento sobre el desarrollo social. Se daba por sentado que no había nada que discutir, era el fin de historia del que habló Fukuyama. Todos los debates que tuvieron lugar en las últimas décadas ya no tenían sentido, de alguna forma ya se había demostrado que el paradigma del mercado y el neoliberalismo económico era la estación de llegada. Todo esto había cerrado muchísimo el debate, se había convertido en una especie de nueva religión, un catecismo al que muchos intelectuales habían renunciado a criticar por miedo a ser desplazados del sistema.  Yo creo que ahora, tras el fracaso estrepitoso del modelo, tras el reconocimiento por parte de la clase política de que efectivamente las instituciones tienen importancia, de que el futuro no depende sólo del mercado sino de debemos pensar a dónde queremos ir. En la medida en que se empieza a admitir que el futuro de la humanidad no depende espontáneamente del mercado sino que va a depender de lo que queramos hacer, ahí nace el debate.

P: En este sentido, ¿podríamos decir que América Latina, con los ejemplos de los nuevos textos constitucionales de Bolivia y Ecuador, puede de alguna manera estar sugiriendo un camino alternativo?

R: No me atrevería a decir tanto que están marcando un camino sino que están abriendo el debate, planteando cuestiones, itinerarios que pueden o no ser válidos para otros lugares, pueden o no ser los más adecuados, pero, en definitiva, avanzar esas propuestas obliga a un debate sobre las mismas y eso, sin duda, ya es importante. No sé si están marcando caminos, en cualquier caso, sí que están marcando una agenda especialmente sugerente y valiosa.

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