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Hugo González: “Los indígenas han entrado en el Palacio Presidencial y han entrado para quedarse”

junio 10, 2009

hugo_entreHugo Fernández es vicecanciller de Relaciones Exteriores de Bolivia. Fue jesuita durante los años 1961 a 1973, tiempo en el que estudió filosofía, humanidades, teología y desarrollo. Su compromiso con la realidad del país lo llevó a dirigir durante siete años (2000-2007)  la organización no gubernamental Unitas (Unión de Instituciones de Trabajo Social), dedicada a la promoción del desarrollo campesino e indígena. Hoy se define como un hombre “identificado con el proceso de cambio” que vive Bolivia bajo el liderazgo de Evo Morales.

Pregunta: En general, los medios de comunicación nos muestran una imagen un tanto convulsa de la realidad boliviana. Desde su posición de vicecanciller y como persona vinculada al proceso de cambio que allí se está viviendo, ¿cuánto hay de cierto en esa imagen?

Respuesta: Quizás la palabra no es convulsión, sí creo que hay un conflicto, pero un conflicto social muy profundo que tiene que ver con la solución de la cuestión indígena en Bolivia. Eso es algo que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo, ya desde la época colonial, y que en lo que llevamos de República no ha podido resolverse adecuadamente. Enfrentar un problema como lo es en Bolivia el de la cuestión indígena crea naturalmente tensiones y conflictos pero no necesariamente convulsión. Ahí es donde yo diría que la prensa exagera y no profundiza. Para Bolivia es esencial resolver esta cuestión porque no puede haber una subordinación de los indígenas al resto de la sociedad, que es minoritaria en relación a ellos. Por el momento creo que el tema está bien encaminado, se está llevando por la vía democrática y por la vía pacífica, la vía del diálogo, esencialmente, porque los indígenas son dialogantes. Pero no todos somos así, y eso ha llevado a momentos de tensión que felizmente se han ido enfrentando y solucionando a lo largo de estos años.

P: El actual presidente, Evo Morales, dijo en su día que la revolución había empezado y que ya no tenía marcha atrás, ¿usted suscribe esta afirmación?

R: Sí, no hay marcha atrás. Voy a poner simplemente una anécdota a modo de ejemplo. En el año 1950 los indígenas no tenían permitido el  ingreso a la Plaza Murillo, que es la plaza central de la ciudad de La Paz,  donde está la sede del gobierno. Entonces vino la revolución de 1952, la reforma agraria de 1953, y ya se les permitió el acceso al recinto, pero no habían entrado en el Palacio Presidencial. Ahora los indígenas han entrado en Palacio y han entrado para quedarse.

P: Este seminario gira en torno a la idea del Sumak Kawsay o buen vivir, un concepto poco conocido en nuestra sociedad, ¿nos puede explicar en qué consiste?

R: El Sumak Kawsay es la expresión en quechua de lo que en aymara es el Suma Qamaña, que es el vivir bien, el buen vivir. Se trata de un concepto globalizante, pues así es de algún modo el espíritu, la manera de ser de los indígenas. Ellos insisten en que no se trata de vivir mejor, al entender que cuando alguien vive mejor ello implica que hay otro que vive peor. Prefieren hablar de vivir bien, de vivir en armonía, es decir, respetando y asumiendo las diferencias junto con las complementariedades. Los indígenas no entienden la idea de igualdad en el sentido occidental, consideran que no hay igualdad posible, siempre hay diversidad, por eso hablan de armonía.

P: ¿Por qué es tan importante la inclusión del Suma Qamaña en la Constitución Boliviana?

R: Es importante por muchos motivos. En la vieja constitución los indígenas estaban invisibilizados. La nueva constitución, por ejemplo, también ha introducido en el lenguaje la cuestión del género. En las lenguas indígenas todo tiene género, las piedras, las montañas… eso se ha tratado de mostrar en la constitución de modo que quede visible. Lo mismo pasa con los indígenas y con los símbolos indígenas que han estado invisibilizados en la antigua constitución. En la exposición de los valores se habla de valores democráticos como solidaridad, igualdad de oportunidades, reciprocidad, etc., y se habla también de Suma Qamaña o Suma Kawsay como un valor cultural que debe inspirar toda la vida de los ciudadanos.

P: Escuchando el preámbulo y sus alusiones a la construcción de una sociedad más justa y respetuosa, en armonía con el medio ambiente y con el Otro resulta inevitable plantearse, ¿y cómo no se nos ha ocurrido esto antes?

R: Sí, lo que pasa es que estamos hablando de otro enfoque, que depende también de causas muy antiguas. Nosotros tenemos la concepción fundacional heredada de la Biblia, donde Dios crea al hombre y le da el mandato de someter a la naturaleza. Ése es un mandato totalmente contrario a la concepción indígena. Para ellos, el hombre no puede someter a la naturaleza, es más bien al revés, el ser humano es una parte esencial de la misma y si trata de someterla él mismo será destruido. Probablemente para el progreso de la civilización occidental después del Renacimiento y con el surgimiento de las ciencias, la Modernidad sí tuvo esa ilusión, pero el rumbo que ha tomado esta civilización muestra que hay unos límites, lo que nos ha llevado a un intenso proceso de revisión de este enfoque que daña definitivamente el medio ambiente. Es ahí donde estos otros conceptos que tratan de encontrar la armonía adquieren un valor esencial.

P: ¿Es por esto que en la Constitución de Bolivia se alude primero de la Pachamama y después a Dios?

R: Ahí hay otro tema que tiene que ver con el principio de identidad. El pensamiento occidental heredado de los griegos tiene como una de sus bases el principio de identidad, una cosa es idéntica a sí misma y no es igual a otra, pero ése es un principio de la construcción intelectual occidental que no necesariamente es universal. Los indígenas piensan que una cosa sí puede ser eso y otra cosa a la vez. Entonces para ellos no hay ningún choque de conceptos al nombrar a la Pachamama y a Dios, no están pensando sobre aquello de que hay un solo Dios… Decir gracias  a la Pachamama y a Dios para los indígenas no es contradictorio ni excluyente, son dos cosas muy diferentes y complementarias. Esto pasa también en muchos otros campos, hasta en el político. Una vez a algún amigo le preguntaron “¿tú eres de izquierda o de derecha?” A lo que él respondió: “Yo soy indígena”.

P: Volviendo al título del seminario “Sumak Kawsay. Aprendiendo del Sur”, ¿qué podemos aprender, o qué no hemos aprendido todavía desde el Norte?

R: Yo creo que todos aprendemos de todos. En el mundo actual, y más con la generalización de Internet y las nuevas tecnologías gracias a las cuales la interacción es cada vez más acelerada, todos aprendemos de todos. No hay un monopolio de la verdad, no hay verdad única, la verdad se construye entre todos y supone aportes y revisiones de concepciones desde todas las direcciones. En ese sentido, eso de aprendiendo del Sur podría ser también un aprendiendo del Norte, o del Este o del Oeste. Yo pienso que el Otro siempre tiene algo que enseñar porque se da esa complementariedad. Lo que pasa es que sí puede estar vigente todavía una concepción muy eurocéntrica de la ciencia o del conocimiento. Y eso es una deformación que podía estar aceptada en el siglo XIX pero que en el siglo XXI ya  no es válida. En este mundo hay distintas formas de ser el mismo ser humano que todos somos.

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One Comment leave one →
  1. elmer loyola permalink
    marzo 10, 2012 5:47 am

    servirán las utopías si consideramos posibles realidades diferentes y las toleramos hasta la aceptación de la diversidad sino las utopías serán solo vaguedades.

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