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Eduardo Gudynas: “El tema ambiental debería ser una política pública de responsabilidad estatal”

junio 10, 2009

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Eduardo Gudynas es ecólogo social e investigador y secretario ejecutivo del CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), una organización no gubernamental independiente fundada en 1989, con sede en Montevideo (Urugay). Es autor o coautor de más de una decena de libros. Entre los publicados más recientemente figuran Integración y comercio. Diccionario latinoamericano de términos y conceptos (2007), Soja y carne en el Mercosur (2004) o Ecología, economía y ética del desarrollo sostenible (2004).

Pregunta: Uno de los aspectos más llamativos del concepto del buen vivir o Sumak Kawsay es la relación que plantea con la naturaleza. ¿En qué consiste esta dimensión ambiental?

Respuesta: La particularidad que hay es que cualquier concepto del buen vivir incorpora desde un inicio un aspecto ambiental, una dimensión ecológica. Eso es una novedad porque los conceptos convencionales del bienestar giran todos, o muchos de ellos, alrededor de la idea de acceso a ciertos bienes, especialmente de consumo, o a disponer de una cierta renta básica con la cual comprar el bienestar en el mercado. Incluso se ha dicho que la cuestión ambiental emerge de forma sustantiva en aquellos grupos sociales que ya resolvieron sus problemas de subsistencia o pobreza. El buen vivir plantea de manera radicalmente distinta este debate en tanto que concibe que cualquier definición de bienestar, de calidad o de sumak kawsay necesariamente incorpora una dimensión ambiental, ésta ya no escapa a cualquier análisis de ese tipo.

P: Inspirada en este concepto, la Constitución ecuatoriana ha convertido en sujeto de derecho a la naturaleza. ¿Qué implicaciones sociales tiene esta novedad?

R: Son muy importantes porque hasta ahora todo los sistemas constitucionales reconocían únicamente al ser humano como sujeto de derecho. La naturaleza era objeto de derechos en tanto era objeto de uso y de apropiación por parte del ser humano. Al convertir a la naturaleza en un sujeto de derechos, la Constitución ecuatoriana la está dotando de valores propios, valores instrínsecos que le son a ella misma independientemente de si es útil o económicamente utilizable o aprovechable para el ser humano. Esto supone un auténtico giro biocéntrico. Además, el texto constitucional de Ecuador plantea otra novedad. No sólo concibe a la naturaleza como sujeto de derecho sino que además dice específicamente en un artículo que la restauración de los espacios naturales, de los ambientes degradados, eso es un derecho de la naturaleza, ésta tiene el derecho a ser restaurada o recuperada.

P: ¿Y cómo encajan todos estos cambios en un sistema social en el que la naturaleza ha sido explotada en manos del ser humano, al ser considerada históricamente como un recurso económico bajo su dominio?

R: Eso plantea un desafío importante para las corrientes económicas clásica y neoclásica y les exige la incorporación de la dimensión ambiental. Se trata de un reto no sólo para la Economía sino también para las  demás Ciencias Sociales y para la práctica de la gestión pública y es que la toma de decisiones no puede seguir estando basada solamente en la valoración económica. La valoración económica no puede ser la regla privilegiada para tomar decisiones en las sociedades contemporáneas, hay otras dimensiones de valoración, valores ecológicos, religiosos, estéticos, culturales… y la Economía va a tener que adaptarse a eso, recuperar la noción de valoración múltiple, donde la valoración económica no es negada ni rechazada, sino una entre varias.

P: Una idea, la de valoración múltiple, que tendrá consecuencias sobre las políticas públicas…

R: Inevitablemente también va a ser necesario repensar el diseño de políticas públicas. Las políticas públicas en todos nuestros países están muy enfatizadas en la discusión de cuánto recaudo y cuánto dinero dispongo después para llevarlas a la práctica. Entonces, por ejemplo, se viven problemáticas en el área de la educación o de la salud en función de si hay poco o menos recursos disponibles en el presupuesto nacional, e incluso se han alentado algunas privatizaciones supuestamente para liberar las arcas del estado promoviendo que las personas paguen directamente por servicios de salud o servicios educativos. Pero esa forma de encarar las políticas públicas es muy reciente desde una perspectiva histórica, tiene unos 30 años. Realmente, esos temas esenciales eran políticas públicas de acceso pretendidamente universal y en manos del Estado. En las generaciones anteriores la gente iba la escuela pública, sólo una minoría, por razones de gran excedente económico, religiosas o de elite, asistía a escuelas privadas, pero la educación básica era pública, a nadie se le ocurría insistir en privatizar la educación escolar. Insisto en este ejemplo de la educación pública o la salud porque si esto ha sido así en esos ámbitos es mucho más difícil llevar adelante este debate en lo que respecta al tema ambiental. El tema ambiental tendría que ser una política pública de responsabilidad estatal. No puede ser evaluado en si es más o menos beneficioso económicamente sino que las tareas de protección ambiental y de asegurar la calidad del ambiente o evitar la contaminación hay que llevarlas a cabo, independientemente de lo que cuesten. Es necesario asumir que las áreas protegidas y los parques nacionales no están para recaudar dinero y generar recursos sino que están para proteger la naturaleza.

P: De alguna manera, lo que propone tiene que ver con un cambio de cultura…

R: Efectivamente, ha habido un cambio cultural importante que hace difícil este debate. Las últimas tres o cuatro generaciones se han olvidado de que buena parte de las políticas esenciales del bienestar eran políticas que aseguraba el Estado para toda la población, no eran acciones que había que pagar por fuera. Por eso, los deberes de una nueva práctica son de la Economía pero el resto de ciencias tiene también cosas que decir.

P: En América Latina, países como Ecuador o Bolivia están proponiendo nuevos modelos de sociedad, ¿serían trasladables de alguna manera a nuestras sociedades occidentales?

R: Lo que uno, desde su experiencia, interpreta o intuye es que en Europa ha habido un cierto estancamiento en estos debates. Se da por sentado buena parte de esa privatización de la gestión pública, y por ejemplo, los temas de políticas ambientales están muy centrados en cuestiones globales, como el cambio climático, pero menos en resolver problemas locales como el de los basurales [vertederos], o la gestión de los parques en nuestras provincias o distritos. Lo que también es evidente es que en América Latina, especialmente en América del Sur, se están dando una serie de ensayos políticos novedosos, distintos entre sí. Ésas interpretaciones que uno lee en la prensa que muchas veces los tacha de izquierda populista realmente minimiza algo que es mucho más heterogéneo y complejo. Puede también que sea muy temprano para predecir los resultados de esos cambios, pero tienen la frescura y la novedad de que se están intentando nuevas cosas. No hay fatalismos sino un sentido de rebeldía en que tenemos que cambiar y hacer una estrategia diferente.

Si quieres saber más sobre el trabajo de Eduardo Gudynas puedes consultar su blog: Acción y Reacción

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